miércoles, 25 de enero de 2012

Crónica: Viaje a Nueva York


Cuartel de Operaciones
Aquí inicio el relato de mi última aventura, que realicé las pasadas vacaciones de navidad. Mi primer y emocionante vuelo a América, lleno de fotos realizadas con mi nueva cámara reflex Canon EOS 1100D. 


¡Espero que os guste!

Todo empezó como una aventura realmente extraordinaria. Ya había oído hablar cientos de veces de los vuelos transoceánicos, de los cambios horarios y el jet-lag, pero la experiencia es la madre de la ciencia. Y ahora ya sé qué se puede esperar de todo esto. El organismo tampoco se ve seriamente afectado, sobre todo en la ida, que es cuando ganamos algo de tiempo al reloj. Tan paradójico como un experimento de física cuántica, un viaje de 8 horas físicas se convertía por arte de la conversión horaria en sólo dos horitas y media.


Con un Harrier se haría mucho más corto
La ida me resultó agridulce. Después del subidón de adrenalina provocado por el despegue, las horas iban pasando bien compartimentadas por las visitas ocasionales de la tripulación, que cuidaban de que no nos faltase de nada. Pude ser testigo de una maravillosa escena. Desde la ventana veía lo que yo entendía como un anochecer al extremo oriental del cielo, mientras que al Oeste iba apareciendo una franja continua de luminosidad  de un naranja intenso. Pude ser testigo allá en las alturas de cómo el día iba avanzando por el Oceáno Atlántico mientras que mi querida España iba siendo inundada por las sombras. Me dejó la boca abierta.

El lado más amargo fue debido a mis paranoias personales. Antes de que pasaran las últimas dos horas de viaje, me dejé embargar por una sensación profunda de desesperación. Por un momento, pensé intensamente en lo que pasaría si de pronto se levantasen algunos de los pasajeros y tratasen de hacerse con el aparato. Tuve una escalofriante sensación, que últimamente se me repite con demasiada frecuencia, la patente constatación de mi propia mortalidad.

Más allá de las tumbas de la iglesia de St Paul, la novísima Freedom Tower


Sin pestañear me remonté al mes de septiembre del año 2001 y me hice una idea de lo que podían haber sentido aquellas personas, tan inocentes y confiadas como tú y como yo, que sólo querían vivir en paz y que supieron en un momento aciago que su vuelo no iba a tener retorno posible. Me juré que si llegase a aterrizar en suelo firme, visitaría el lugar de homenaje por excelencia a las víctimas del 11-S, visita que no había planeado en un principio.

Cristobal Colón, descubriendo el Nuevo Mundo, en Columbus Circle

Tras esas horas fatales el avión (no podía ser de otra manera?) sobrevoló una serie de luces urbanas irreconocibles. Era de noche y estaba al otro lado del océano, en un lugar nunca antes explorado. Recordé a Cristobal Colón y me dije: “Con qué facilidad ahora emulamos tu gesta”. Cuando pararon los motores respiré aliviado. Esto me duró muy poco. Lo sencillo había concluido. Cuando entramos en aquel hall atestado por un gentío inmenso que había adquirido la figura de una serpiente, retorcida en decenas de giros, entonces pude atestiguar que no sería nada rápido entrar en territorio de los Estados Unidos.




No hay comentarios:

Publicar un comentario